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La inflamación es uno de los trastornos digestivos más comunes y la mayoría de nosotros lo ha experimentado en un momento u otro. A diferencia de cuando nos sentimos llenos después de una comida copiosa, la inflamación es una sensación incómoda con la que notamos el estómago hinchado, distendido y tirante, a veces incluso dolorido. Sufrir inflamación con regularidad, a parte de ser muy angustioso, puede ser indicio de un desequilibrio subyacente o señal de que debes mejorar tu dieta.

Hoy os hablaré de las principales causas de esta dolencia, y la semana que viene os explicaré qué podéis hacer para solucionarla. Veamos, pues, ¿a qué se debe la inflamación de estómago?

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1. Ese temido enemigo: el estrés

Cuando estamos bajo estrés, nuestro cuerpo distribuye su energía de la forma más eficiente para enfrentarse a lo que considera la causa de esa tensión. Nuestros antepasados tenían que defenderse de los animales salvajes, por lo que nuestro organismo está diseñado de modo que, ante una amenaza, activa la respuesta de “lucha o huida”. En ese momento, el cuerpo envía toda su energía hacia los músculos para que podamos combatir o salir corriendo; hacia el corazón, para que bombee más sangre, etc. Pero claro, esta energía extra tiene que salir de algún sitio, por lo que el organismo suprime lo que considera funciones innecesarias en situaciones de emergencia, como la digestión o el sistema inmunológico (¿entiendes ahora porqué tienes más tendencia a caer enfermo cuando estás estresado?).

Esta característica podía ser muy ventajosa cuando el estrés era algo puntual, como el ataque de un tigre, pero hoy en día es tan común que podemos acabar con un sistema digestivo problemático: mala absorción de los nutrientes, mala digestión y, claro, inflamación o incluso síndrome del colón irritable.

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2. Digestión a baja velocidad

Si tu sistema digestivo va más lento de lo normal, lo más probable es que sufras inflamación, posiblemente acompañada de dolores de cabeza, fatiga y una especie de sensación general de “intoxicación”. Seguramente tu dieta no incluye suficiente fibra o puede que estés deshidratado. También puede ser que tengas poca movilidad intestinal, es decir que los músculos del colon no se contraigan bien. La falta de actividad física agrava este problema, ya que el ejercicio ayuda a que tus tripas también se muevan mejor.

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3. Tu fábrica de ácido estomacal no va a pleno rendimiento

Si aunque comas poco enseguida te sientes lleno, a menudo se te repite la comida (eructos), o te cuesta mucho digerir la carne o los huevos, es posible que no produzcas suficiente ácido estomacal. Este ácido es vital para digerir las proteínas, por lo que si no lo generas en la cantidad adecuada, acabarás con proteínas mal asimiladas en tus intestinos; cuando fermentan, producen gases, causando hinchazón y dolor.

4. Y la de tus enzimas digestivas, tampoco

Las enzimas, producidas por las células que recubren el estómago y los intestinos, son también esenciales en el proceso digestivo, ya que descomponen los hidratos de carbono, grasas y proteínas. El estrés, las infecciones y las intolerancias alimentarias pueden contribuir a unos niveles bajos de enzimas y sus consecuencias son similares a las de tener poco ácido estomacal: alimentos digeridos de forma incompleta (en este caso grasas y carbohidratos, además de proteínas) que pasan al intestino grueso. Aquí, causan fermentación, irritación e hinchazón.

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5. Eres un intolerante (alimentario)

Aunque las intolerancias alimentarias no son tan comunes como se suele creer, sí hay gente que realmente las sufre. La mayoría de personas de ascendencia asiática, por ejemplo, carecen de la enzima necesaria para digerir la lactosa en la leche. Pero no debemos confundir las intolerancias con las alergias, que producen una reacción grave e inmediata justo después de ingerir los alimentos problemáticos. Con una intolerancia, puedes tardar hasta 48 horas hasta sentir los síntomas, que son más traicioneros: fatiga, hinchazón y dolores de cabeza. Las intolerancias alimentarias más comunes son al trigo, el gluten (que se encuentra en el trigo, la cebada y el centeno) y los productos lácteos.

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6. Tus bacterias intestinales ¡están desequilibradas!

En un colon saludable viven miles de millones de bacterias que contribuyen a una buena digestión y a una buena salud. Cuando estas bacterias sufren desequilibrios y las bacterias “malas” consiguen proliferar es cuando aparecen los problemas. Esta es otra de las causas principales de la inflamación que, en este caso, se dará especialmente justo después de comer. Las posibilidades de que sufras este problema se incrementan si has tomado antibióticos, ya que lamentablemente éstos matan tanto a las bacterias buenas como a las malas.

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7. ¿Te has pasado de la raya?

Algo tan simple como comer y beber en exceso puede hacer que al día siguiente te sientas incómodo y con la barriga hinchada. Aunque no se trata de un problema de salud en sí, sigue siendo desagradable y lo mejor es que lo soluciones lo antes posible. La semana que viene hablaré de mi “Plan del Día Después” con algunos trucos para contrarrestar las comilonas.

¿Has detectado ya cuáles pueden ser las causas de tu inflamación estomacal? Estate atento al  siguiente post, porque ahí te daré varios consejos para que recuperes una estómago saludable, plano… ¡y feliz!

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